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| Ilustración de Cecilia Romero |
Mi vida
aterriza
en una
playa solitaria,
ya no
puedo volar
porque
se me murieron las alas.
Que solo está el hombre solo
por la calle,
solo,
en los
caminos solo,
en el
puerto, en la playa,
solo en
la taberna
rodeado
de gentes.
Que solo
está el hombre solo
y sin
alas.
Y esa
Mar blanca
de no
haber roto un plato,
después
de abofetear
la
pizarra del inmóvil
viejo,
muy viejo acantilado.
Y de los
nuevos, muy nuevos
cubos de
hormigón
puestos
por las máquinas del hombre
para
pararte,
parar tu
furia blanca.
Y cuando tú callas mar
el puerto de Puerto
está en silencio,
las calles de
Puerto, calladas.
Es enero
y hace frio en Puerto,
sin
ruidos, sin palabras,
más allá
la Mar blanca
explica
su furia.
Cuanto
esfuerzo de la mar
por
ocultar mi solitario silencio,
mi
mirada perdida en el silencio.
Me atraes
de Armón
para
devolverme a Armón
jugando
con mi destino
callado,
cabizbajo
en la
soledad de un vacío wassapp
a mitad
del camino.
Cuánto
esfuerzo inútil conmigo,
la vida
es fácil
lo
difícil es soñar.

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