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| Ilustración de Cecilia Romero sobre la estatua de Chiado en Lisboa |
La voz del loco
me lo cuenta
y no sé si sé
de qué habla,
qué es lo que me
sugiere
si es que algo
sugiere.
Dice la voz del
loco
que ya no son
verdes
los valles dónde
nace
que no brillan
las luces del
destino deseado
y que el fuego del
sol
nos quema, pero no
ilumina
la senda de estos
sueños
Dice la voz del
loco
que no brilla la
estela
de la capa del
héroe,
ni suena
esplendoroso
el himno de las
batallas ganadas,
y que la flor de
los amores
marchita yace,
tras el torbellino
de la miseria,
en el cementerio
más triste
de las flores.
La voz del loco me
habla
en un grito
escandaloso
pero no sé si le
entiendo,
no sé siquiera si
me habla
ni si yo quiero
escuchar
que esto tendría
que haber sido otra cosa,
aquella de los
sueños
de amplios
horizontes luminosos.
El pecho se desinfla
y no quiero
entender
lo que la voz del
loco invoca,
pero salgamos
fuera,
la fuerza de la
amapola
que aún roto su
débil tallo
y su inmensa flor
rota
tras la tormenta,
espera un año y
surge roja
su manta sobre la
todavía
verde meseta.
Yerra la voz del
loco,
no entiende
que de los
escombros,
a veces,
surge la fuerza
que nos acerca,
rotos,
a nuestra meta.

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