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| Ilustración de Cecilia Romero |
Somos miembros
de un mismo cuerpo
herido con la
fusta
de poderes
innobles.
Somos saltos de
agua
esquivando robles,
cedros y sauces
y brincando
trasparente
por la altura
justa
de huecos
escondidos
en el mismo cauce.
Somos cuarzos con
brillo
de la misma
montaña
del sílex que se
niega
a ser clavado en
el trillo
que en la era se
arrastra.
Somos luchadores
antiguos
de caras
envejecidas
y manos como
arañas
sin lujos de
anillos
luchando en una
eterna batalla.
Ya muchas puntas
señalan nuestras
humildes hazañas,
pero somos del
mismo cuerpo
que los jóvenes
que apuntan
un nuevo viento
que empuja al río
hacia abajo de esa
montaña
buscando en el
valle
un ritmo mas
lento,
para nosotros,
tardío,
que muestre la
cara
del mismo enemigo
fantasma.
Suena el
despertador
del nuevo día
y las sombras
huyen,
se oye un ritmo
descontento
de tantas suaves
melodías
y unas brisas
nuevas fluyen
desde el
adoquinado,
hasta ahora
insensible,
al centro de los
salones
de aire
acondicionado
y sillones
extensibles.
Se desploma y hace
añicos
como figura de
cara porcelana
el arcaico debate.
No se puede vencer
a la colectiva
fuerza
de razones fieras
y tenaces.
Somos miembros
de un mismo cuerpo
al que le faltaban
las uñas de rapaces.

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