viernes, 7 de septiembre de 2018

De un mismo cuerpo

Ilustración de Cecilia Romero

Somos miembros
de un mismo cuerpo
herido con la fusta
de poderes innobles.
Somos saltos de agua
esquivando robles,
cedros y sauces
y brincando trasparente
por la altura justa
de huecos escondidos
en el mismo cauce.

Somos cuarzos con brillo
de la misma montaña
del sílex que se niega
a ser clavado en el trillo
que en la era se arrastra.
Somos luchadores antiguos
de caras envejecidas
y manos como arañas
sin lujos de anillos
luchando en una eterna batalla.

Ya muchas puntas
señalan nuestras humildes hazañas,
pero somos del mismo cuerpo
que los jóvenes que apuntan
un nuevo viento
que empuja al río
hacia abajo de esa montaña
buscando en el valle
un ritmo mas lento,
para nosotros, tardío,
que muestre la cara
del mismo enemigo fantasma.

Suena el despertador
del nuevo día
y las sombras huyen,
se oye un ritmo descontento
de tantas suaves melodías
y unas brisas nuevas fluyen
desde el adoquinado,
hasta ahora insensible,
al centro de los salones
de aire acondicionado
y sillones extensibles.

Se desploma y hace añicos
como figura de cara porcelana
el arcaico debate.
No se puede vencer
a la colectiva fuerza
de razones fieras y tenaces.
Somos miembros
de un mismo cuerpo
al que le faltaban las uñas de rapaces.

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