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| Ilustración de Cecilia Romero |
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Pero
antes del fuego
de
muerte
un
grito, una alarma
¡¡No!!
Los ojos
se abren,
las
pupilas se inflaman
no es el
fin,
la vida
de Juan Rodríguez
ha de
acompañar a otras vidas
antes de
morir.
De
Palencia un palentino
gritó
¡¡No!!
no puede
morir.
Que
mueran otros
y queden
sus huesos
en el
hueco de la muralla,
pero
Juan Rodríguez
es
paisana silueta
y sirve
para vivir.
El cielo
se abrió
ante el
ruido de la metralla
y Juan
abrió los ojos
sin ver
más que el polvo
de la
cuneta,
pero
estaba vivo, respiró,
estaba
vivo,
alguien
había gritado ¡¡No!!.
De la
guerra nada, Juan,
de la
guerra nada,
ni de
azules
ni de
rojos,
ni del
pelotón
ni de mi
grito,
ni de
que tú abriste tus ojos.
Nada del
estallido de los fusiles.
De la
guerra nada
solo
este abrazo nos queda
y tu
vida
y la mía
entre la
muerte de miles.
Nada de
la guerra.
Ahora,
después de una vida,
mueres
por segunda vez.
Ya no
hay fusiles,
ni grito
ni pelotón,
ni
fogonazo
de otras
muertes.
Ya ves,
ahora
mueres de verdad,
de
muerte tras la vida
de casi
un siglo
y una
vieja historia detrás.
Ahora te
has ido
en
silencio
sin
decirnos, ni en un susurro,
como se
llamaba
el que
gritó ¡No!.
De la
Guerra nada,
Juan, de
la guerra nada.

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